lunes, 3 de agosto de 2009

FERNANDO LUGO: Escandaloso Abuso Político de la Religión

FERNANDO LUGO: Escandaloso Abuso Político de la Religión

Un escandaloso uso populista de la religión se ha implantado en el Paraguay con el ascenso al poder del obispo Fernando Lugo.

Como si fuera una cuestión de estado, la simbología religiosa está presente en todos los actos del gobierno, y ocasionalmente el obispo´-presidente sube a un púlpito para realizar sus discursos.

Aunque son conocidos miembros de logias masónicas y ateas, la mayoría de los miembros del gobierno declaran cínicamente su religiosidad e incluso la utilizan como instrumento político, sin especificar qué clase de cristianos son.

El crucifijo con el que suelen aparecer en público está demasiado connotado como para esgrimirlo sin más.

Desde el emperador romano Constantino a esta parte, hemos visto a demasiados militares con la cruz en la mano como para que la imagen no despierte, en sí misma, cierta inquietud.

Aunque una mínima noción de ética obliga a un dirigente político a guardarse para sí sus creencias religiosas, tanto por el bien de la política como por el de la religión; en Paraguay la instrumentación de la simbología católica está en boga en la vida pública y los más corruptos funcionarios la utilizan descaradamente.

LA IGLESIA CATÓLICA Y LA CAMPAÑA PROSELITISTA

El doble discurso del obispo en torno a la iglesia y su uso descarado con fines políticos ha generado ácidas críticas de importantes referentes de la democracia cristiana paraguaya, entre ellos su ex presidente Luis Manuel Andrada Nogués, quien incluso lanzó un libro titulado "La rebeldía de Lugo".

Aunque nadie quiera admitirlo, la actual incursión abierta de la iglesia católica en favor del obispo suspendido Fernando Lugo se originó cuando el ex presidente paraguayo Nicanor Duarte Frutos asumió públicamente su adhesión al culto evangélico, contrariando a las autoridades eclesiásticas que siempre han reivindicado su derecho al monopolio religioso global, y para colmo a como dé lugar.

Las autoridades de la iglesia católica de inmediato respondieron disparando fuertes críticas a la gestión del gobierno de Duarte.

Entre estas voces sobresalió el obispo Mario Melanio Medina, a quien se considera en Paraguay prácticamente un político más.

Medina, al igual que Lugo, exteriorizó constantemente su vocación de político haciendo críticas en tono de candidato opositor en campaña, y apareciendo en la sección de noticias políticas de los diarios como si fuera un tribuno en medio de la disputa electoral.

Por otro lado, un grupo que recibió apoyo de la embajada norteamericana a través de fuertes sumas en dólares donadas por USAID, el denominado Movimiento Tekojojá que apoyó a Lugo, recibió un importante respaldo de la iglesia católica que puso a su servicio sus templos y casas parroquiales en todo el país para convocatorias y reuniones políticas, prestando su estructura y grupos de oración y afines como bases a sus candidatos.

Los sacerdotes y otros religiosos del Chaco llamaron a la población a votar por el obispo, y desde el púlpito y la prensa instaron abiertamente a los electores a votar por Lugo, en tanto el Nuncio apostólico hizo las veces de Poncio Pilatos desentendiéndose del asunto.

REGRESO AL ESTADO CONFESIONAL

El fenómeno que hoy se da en Paraguay es un abierto regreso al estado confesional, sombría etapa de la historia ya superada en todos los países civilizados y libres del mundo.LAW

NOTAS SOBRE EL ESTADO CONFESIONAL

Antiguamente, la situación de confesionalidad del estado era la condición natural de cualquier sistema político.

En el Imperio Romano, el culto al emperador fue una forma de conciliar el politeísmo incluyente de todo tipo de religiones con la unidad política, y lo que convirtió al cristianismo (de hecho a cualquier monoteísmo que no aceptase el culto imperial) en una religión disolvente y por lo tanto perseguida. El Edicto de Milán de Constantino (que otrorgaba una especie de libertad religiosa), y el posterior edicto de Tesalónica de Teodosio convirtieron el cristianismo en la religión oficial del Imperio y establecieron el Papado y la Iglesia como instituciones paralelas al propio Estado.

La desaparición del Imperio Romano de Occidente abrió la Edad Media que supuso una separación de hecho del cristianismo occidental (católico) y oriental (ortodoxo), que se hizo oficial con el Cisma de Oriente (1051). Mientras en el Imperio Bizantino la figura del emperador se impone sobre la Iglesia (cesaropapismo, iconoclasia), en Europa Occidental el dominium mundi es más disputado por la teocracia (agustinismo político, teoría de las dos espadas, querella de las investiduras).

Las monarquías de Antiguo Régimen supusieron un control sobre sus iglesias católicas nacionales, mientras la Reforma luterana establece iglesias nacionales en los países del norte de europa. El principio de la cuius regio eius religio (propuesto en la Dieta de Augsburgo que discutía la Confesión de Augsburgo, y definitivamente impuesto en la Paz de Augsburgo) impone que la religión del reino será la religión del rey.

Se impondrá en una era de guerras de religión que acabará con el tratado de Westfalia. Entre los escasos lugares de Europa que mantuvieron la tolerancia religiosa (aunque se mantengan como estados confesionales) se destacaron los Países Bajos y la Serenísima República de Venecia, además de, aunque parcialmente, el Imperio Otomano.

El primer estado en proclamar su indiferencia a los asuntos religiosos fueron los Estados Unidos, influido por la ideología de la Ilustración.

La Revolución Francesa, que en algún momento intentó instaurar un culto descristianizado a la Diosa Razón, fue reconducida por Napoleón a un Concordato con el Papa. No será hasta la III República Francesa que Francia, la fille ainé de l'eglise(hija mayor de la Iglesia) y sede de los Reyes Cristianísimos, incorpore a sus señas de identidad el laicismo, y la separación Iglesia-Estado.

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