miércoles, 15 de julio de 2009

A PROPÓSITO DE FERNANDO LUGO

El cura violador de niños

El cura violador de niños
La Iglesia católica debe reaccionar en la forma más oportuna en estos casos, evitando cualquier vestigio de encubrimiento o temor al escándalo.

Una de las noticias estremecedoras para feligreses católicos y para la opinión pública en general es aquella que da cuenta de sacerdotes involucrados en violaciones y ultrajes sexuales a niños.

En el mundo, desgraciadamente, la Iglesia católica se ha visto comprometida con situaciones degradantes que han derivado luego en el transcurrir de los años en el conocimiento de las mismas y en procesos judiciales con la reparación económica, que de ningún modo logra cubrir el trauma de los niños abusados.
La reacción de la jerarquía católica no siempre ha sido la más oportuna y en el proceso de conocimiento y de análisis de estos hechos, la tardanza ha derivado en sospechosa de encubrimiento, unas veces con el propósito de protección y otras para evitar el escándalo.

Lo que ha ocurrido en San Benito donde el sacerdote José Mamani Ochoa, detenido el lunes, acusado de cometer al menos tres violaciones de niños en esa comunidad, revela situaciones espantosas y que necesariamente debían haber sido analizadas con mayor rigor a fines de enero de este año cuando ya se habían detectado irregularidades, no sólo en la administración de los bienes o recursos de la parroquia, sino en cuanto a sospechas sobre la conducta moral, es decir que en el mismo mes de abril cuando fue suspendido el sacerdote Mamani y procesado mediante el Tribunal Eclesiástico, se debían adoptar las previsiones legales en la justicia ordinaria, para evitar continúe con la tenencia de los menores.
La actuación oportuna en estos casos, tanto de autoridades religiosas, Policía y fiscales, tiene que ser una norma, para evitar estos actos que duelen tanto a la colectividad y que desde luego golpean tan fuerte a la Iglesia.

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