miércoles, 27 de mayo de 2009

FERNANDO LUGO: EL INFORME IRLANDÉS

FERNANDO LUGO: EL INFORME IRLANDÉS

JAVIER MORÁN

El «Informe Ryan» -cinco volúmenes y 3.000 páginas- ha vuelto a sacudir al catolicismo, al igual que hace unos años lo hicieron diversos documentos oficiales sobre numerosos casos de pederastia del clero en EE UU o Australia. Sin contar con las mismas investigaciones exhaustivas, y probablemente con una incidencia no tan extrema, en países como Polonia, Francia o Austria se ha registrado también un número apreciable de agresiones sexuales efectuadas por sacerdotes católicos.

El informe irlandés, bajo la supervisión del juez Sean Ryan, recoge testimonios de más de 1.000 testigos acerca de sucesos acaecidos entre 1914 y 2000. De ellos, unos 25 casos tratan de abusos anteriores a 1930 o posteriores a 1990. El informe enumera 216 establecimientos como orfanatos, reformatorios, albergues, hospitales, escuelas o lavanderías. De todos ellos, más del 70 por ciento de los lugares eran regentados por instituciones de la Iglesia católica, a la que unas 800 víctimas dirigen acusaciones verificadas contra sacerdotes, religiosos, religiosas y otros miembros de la Iglesia por abusos físicos, emocionales o sexuales.

Caben varias observaciones. El hecho de que exista el informe irlandés viene a quebrar la explicación geográfico-religiosa de tal número de abusos comprobados en EE UU o Australia. Tal explicación viene a decir que el hecho de que el catolicismo no sea el credo dominante en ambos países anglosajones produjo un retraimiento de la jerarquía eclesiástica para no adoptar medidas ostensibles que hubieran puesto en evidencia sus males internos ante otras iglesias. En la católica Irlanda no cabría dicha explicación, aunque no han faltado estos días variantes de dicha interpretación «georreligiosa», en el sentido de que el catolicismo irlandés no quería retratarse, digamos, con sus miserias ante la anglicana Gran Bretaña. No obstante, este tipo de explicaciones parecen frágiles, aunque sí se puede añadir que en la Europa más católica, latina y sureña (caso de España, Portugal o Italia) no se ha llegado, ni de lejos -salvo sorpresa inesperada-, a la cuantía y a los extremos anglosajones. Probablemente, entre los pecados capitales de estos países domine la envidia, la pereza o la gula, pero no la lujuria con menores.

Y otra observación más sobre el «Informe Ryan». Afirma en las conclusiones que el abuso de niños se hizo «endémico» en los establecimientos aludidos, lo cual hace suponer que unos niveles insoportables de impunidad ampararon a los abusadores. Ello nos recuerda un dato de las equivalentes investigaciones en EE UU: de los 4.392 sacerdotes involucrados en los casos americanos, 149 recibieron diez o más acusaciones de abuso por haber depredado sobre 2.960 menores, un tercio de todas las víctimas.

Esa impunidad, base del abuso endémico -sin menospreciar el resto de casos-, es lo que verdaderamente señala a las respectivas autoridades religiosas como encubridoras, cobardes e ineficaces, aunque el «Informe Ryan» también coloca en la picota a las autoridades civiles irlandesas.

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